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Palabras de Clausura de la Congregación General

Palabras de Clausura de la Congregación General
Marian Moriarty IBVM
Siendo la piedra angular Cristo mismo, en quien toda edificación bien trabada se eleva hasta formar un templo santo en el Señor, en quien también vosotros estáis siendo juntamente edificados, hasta ser morada de Dios en el Espíritu. Ef 2, 21-22 Liturgia del día

¡Qué apropiadas para nosotras son estas palabras de la primera lectura de hoy! Sabemos que es menester en Él solo poner la esperanza de que Él haya de conservar y llevar adelante lo que se dignó comenzar para su servicio y alabanza y ayuda de las ánimas Vol. I Cons. 812. Este comienzo fue hace 400 años y esta tarde hemos confirmado, afirmado juntas un paso muy significativo en este largo camino

Nos reunimos en este espacio que ha sido especialmente nuestro durante las dos últimas semanas. Sabemos que no es sólo lo que ha sucedido en esta habitación lo que ha creado la experiencia de esta congregación general extraordinaria … Cada una de nosotras tenemos recuerdos y sabemos muy bien que una congregación general extraordinaria es en verdad una experiencia especial de la unión de mentes y corazones en el Instituto.

Algunas habéis hablado de la bondad que encontramos en cada una aquí y en nosotras como grupo, del deseo de hacer lo mejor cuando procuramos con todas las fuerzas posibles (Vol. I Cons. 101) expresar con palabras la esencia de nuestro modo de vida en misión al servicio del reino de Dios y de la humanidad en el hoy y en el futuro. Varias de nosotras hemos experimentado gracias significativas cuando nos hemos permitido escuchar en profundidad y hemos comenzado a ver las cosas desde otra perspectiva, en el contexto de todo el Instituto y como parte de una continua evolución de nuestra vida y misión. Partiendo de nuestros recursos interiores, de las mociones del Espíritu dentro de nosotras y dentro de la asamblea reunida, hemos sacado fuerzas para dedicarnos a la reflexión y al intercambio sincero. Hemos sentido el apoyo del cariño y la oración de los miembros por todo el mundo y estamos verdaderamente agradecidas por ello. También sabemos que los miembros de la Congregatio Jesu nos han llevado también en su mente y su corazón.

La bondad que hemos sentido en nosotras mismas aquí existe en todos nuestros miembros, en la totalidad del cuerpo, yo así lo creo. Se nutre de la ley del amor y de la libertad que con tanta frecuencia mencionamos. Ésta nos capacitará para seguir reclamando estas Constituciones como propias y para vivirlas con profundidad hacia el futuro. Mother Michael Corcoran, hablando como Superiora General hace unos 100 años, decía: tenemos que pensar no sólo y principalmente en el mayor bien presente sino en el bien del futuro; no en nosotras sólo sino en aquéllas que vendrán después, porque tenemos el derecho de esperar la entrega intacta del espíritu y la tradición de nuestro Instituto, y, por nuestra parte, no debe haber ninguna mezquindad, ningún egoísmo, ninguna estrechez. Con una actitud tal, quién sabe adónde nos llevarán los próximos veinte/treinta años como mujeres de Mary Ward en la búsqueda de la unión de mentes y corazones.

Confiemos que nuestros miembros mayores y jóvenes vivan y corran con estas Constituciones hacia los siguientes 30 o 40 años en los 23 países donde vivimos y trabajamos. Nunca subestimemos a nuestros miembros más jóvenes o más ancianos. En verdad nunca nos subestimemos a nosotras mismas y nuestra capacidad de implicarnos y actuar en lo que realmente importa en la vida y en la misión.

Es posible la misma implicación y el hacer propias las Constituciones – especialmente si nos apoyamos mutuamente en esto de diversas maneras. Nosotras aquí hemos experimentado la riqueza y la profundidad de entendimiento que se deriva de tomarnos el tiempo para compartir. Esperamos que podamos facilitar esto en las provincias/regiones por todo el Instituto en los meses y años que tenemos por delante.

Tenemos una gran deuda de gratitud con cada una – hemos sido un don para cada una de tantas maneras, durante estos días, tanto dentro como fuera de la sala de reuniones. Los dones personales han sido generosamente compartidos para el mayor bien universal. Así que nos lo agradecemos mutuamente.

La primera lectura nos habla de estar juntamente edificados hasta ser morada de Dios en el Espíritu. Aquí en este lugar ha ocurrido una edificación importante y ahora, al salir de aquí, seguimos siendo profetas en el sentido que habla Pablo en 1Cor 14,3. Nuestra función dentro del cuerpo y más allá es:

edificar
exhortar
consolar.

Al haber llevado a término el trabajo de revisión de nuestras Constituciones y al haber dado el asentimiento formal, en nombre de todo el Instituto, al borrador final que será presentado a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica para su aprobación, declaro clausurada esta Congregación General Extraordinaria en el día de hoy, 28 de octubre de 2009.

Que Dios, cuya gloria es nuestro fin y nuestra fuerza, nos llene de confianza y de valor cuando nos ponemos en marcha hacia la próxima etapa en nuestro caminar.

¡Jesús, di Amén!
Marian Moriarty IBVM 28 de octubre de 2009
Casa Divino Maestro, Ariccia, Roma

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