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Diez recomendaciones para el empeño ecuménico de Europa

17/09/2007
En el documento conclusivo de la III Asamblea Ecuménica Europea

(Zenit) Mensaje Final de la III Asamblea Ecuménica Europea (AEE3, Sibiu, 4-9 de septiembre) publicado bajo el título que ha guiado las jornadas: ¡La luz de Cristo ilumina a todos!, a la que asistieron dos miembros del IBVM.

Subrayando el poder transformador de la luz de Cristo y describiéndola como la esperanza que abraza todos los aspectos, los delegados contemplan la vida de las Iglesias y afirman : Nuestro testimonio a favor de las esperanza y de la unidad para Europa y el mundo será creíble sólo si proseguimos nuestro camino hacia la unidad visible.

La división entre nuestras Iglesias es una dolorosa herida, admiten; sólo si estamos más cerca de nuestro Señor Jesucristo nos podemos acercar más entre nosotros.

De aquí parten sus recomendaciones: renovar nuestra misión como creyentes y como Iglesias para proclamar a Cristo como la Luz y el Salvador del mundo, dicen en primer lugar.

Proseguir el debate sobre el reconocimiento recíproco del bautismo --cuestión profundamente ligada con una compresión de la Eucaristía, del ministerio y de la eclesiología en general-- es su segunda recomendación.

Los delegados cristianos sugieren además hallar formas de experimentar actividades que unan: oración, peregrinaciones ecuménicas o formación teológica en común, y sostener la vida de la sociedad basada en valores cristianos, entre otras.

Su cuarta recomendación apunta a prestar atención, por parte de todo el pueblo de Dios, a los jóvenes, ancianos, minorías étnicas y discapacitados.

La reflexión de la luz de Cristo sobre Europa lleva a los delegados a recalcar: En la conciencia de que nuestras raíces comunes son mucho más profundas que nuestras divisiones, mientras buscamos la renovación y la unidad, y comprender el papel de las Iglesias en la sociedad europea de hoy, nos hemos concentrado en el encuentro con las personas de otras religiones.

Así, además de rechazar todas las formas contemporáneas de antisemitismo, subrayan la necesidad del diálogo y de aprender más sobre todas las religiones. Asimismo deploran todo lo que signifique exclusión y piden a los Estados que pongan fin a la injustificable detención administrativa ilegal de los inmigrantes y se esfuercen en políticas de integración.

Dirigen un llamamiento específico a las Iglesias cristianas para que intensifiquen la atención pastoral de los inmigrantes vulnerables y, en su quinta recomendación señalan la importancia de dar a los llegados de fuera un papel completo y activo en la vida de la Iglesia y de la sociedad.

En sexto lugar recomendamos desarrollar la Carta Ecuménica como directriz capaz de estimular nuestro camino ecuménico en Europa, prosigue la declaración.

De hecho, los cimientos de la AEE3 han sido las precedentes asambleas de Basilea (1999) y Graz (1997), y la Carta Ecuménica de Estrasburgo [firmada en 2001 por la CEC --Conferencia de las Iglesias Europeas, que reúne a las confesiones cristianas excepto a la Iglesia católica-- y el CCEE --Consejo de las Conferencias Episcopales católicas de Europa]. Esta carta busca promover la colaboración entre las Iglesias y confesiones cristianas de Europa --evitando hacerse competencia-- en el anuncio del único Evangelio, así como dar un alma a la nueva Europa y promover las relaciones con el resto de los creyentes y no creyentes.

En cuanto a la proyección de la luz de Cristo para el mundo entero, la Asamblea Ecuménica Europea centra su esfuerzo en el impulso de la paz y en el rechazo de la guerra para resolver conflictos. ¡La violencia y el terrorismo en nombre de la religión son una negación de la religión!, proclaman.

Igualmente hacen hincapié en que la luz de Cristo resplandece en el término 'justicia', vinculándola con la misericordia divina.

De este punto, los delegados cristianos dirigen su mirada hacia la globalización, lamentando la división de la sociedad humana entre vencedores y vencidos.

En consecuencia, en séptimo lugar exhortan a todos los cristianos europeos a que sostengan firmemente los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas como medida práctica urgente para aliviar la pobreza.

Asimismo afrontan la responsabilidad europea respecto a la justicia ecológica recomendando, en octavo lugar, la puesta en marcha, por parte de las Iglesias cristianas, de un proyecto consultivo ante las amenazas en este ámbito.

En noveno lugar apoyan la cancelación de la deuda y la promoción de un comercio solidario y equitativo.

Y sugieren --en su décima recomendación-- que del 1 de septiembre al 4 de octubre se dedique a orar por la salvaguarda de la creación.


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