El terremoto pasó después de las 6.00 pm, del día 15 de Agosto, fiesta de la Asunción de María. Tembló la tierra, y continuó temblando por más de dos minutos. Fue una eternidad, entraron terror e impotencia. Entonces hubo oscuridad total. Se fue la electricidad. Se fue cualquier forma de comunicación.
Poco a poco llegaron noticias por radio. El epicentro fue a 60 Km. de la costa de Pisco, al sur de Lima, y midió 7,9 grados en la escala de Ricther. Cientos de personas enterradas bajo escombros. Los hospitales locales estaban en ruinas. Hubo caos y pánico total. La lista de muertos creció por horas, en Pisco, Chincha, Cañete e Ica. Siguió temblando la tierra. En menos de cinco días hubo mas de quinientos replicas.
Colas de gente se formaron en las estaciones de Radio y TV, buscando a sus seres queridos. Lentamente, muy lentamente, empezó el rescate. A medida que el miedo se pasaba, la profunda solidaridad, característica del Pueblo Peruano, comenzó a reaccionar.
"Tenemos que hacer algo"
La Capilla de Ntra. Señora de la Esperanza en Jicamarca, no fue una excepción. "Tenemos que hacer algo" fue el clamor de la comunidad. Hubo una reunión, se formaron comisiones, se tomaron decisiones y la solidaridad tuvo rostro humano.
La indispensable agua, el arroz, azúcar, aceite, menestras, cualquier cosa que sirviese para cocinar, llegó de familias que luchan ellas mismas por comer. Hubo ropa en abundancia. "Es demasiado pequeña ya" fue el comentario de las madres. Llegaron velas, fósforos, y juguetes para los niños, dados de lo poco que los mismos niños tienen. Manos a la obra para empaquetar y preparar todo, hasta se sacó brillo a los zapatos que trajeron.
Pero ahora se presentó el problema más grande. ¿Dónde encontrar transporte? Se hicieron diferentes intentos, hasta que por fin, después de oración, ruegos, cartas y "empujones" se encontró un generoso dueño de una Empresa de Transportes. ¡Teníamos autobús y chófer gratis! para llevar a Chincha las donaciones. ¿Por qué a Chincha? Porque algunas de las personas de Jicamarca tienen familiares allí que han perdido todo.
Era incomprensible ir sin llevar comida para servir a la gente. Así que además de las donaciones se cocinaron dos grandes ollas de carapulcra, plato típico de Chincha.
Desde la 1 de la madrugada
Esta decisión significó que el Sábado 25 fue un día muy largo. La cocina de kerosén se prendió a la 1.00 de la madrugada, y a las 4.00 am las dos ollas de comida hirviendo fueron llevadas a un autobús, ya lleno. Quince personas se metieron entre bolsa, cajas y botellas. Hacía frio pero el calor de las ollas de la carapulcra sirvió para subir la temperatura,
El viaje comenzó entre una mezcla de emociones, conmoción, miedo, agradecimiento y esperanza.
Señales del terremoto eran evidentes a partir de Punta Negra. Nuestro primer encuentro con Chincha fue el de niños a lo largo de la carretera, llamado la atención ante su necesidad de comida.
No habían probado comida caliente en 10 días
Las noticias de nuestra llegada fueron anunciadas. Los familiares nos esperaban en puntos concretos para dirigir el autobús a Grocio Prado. En pocos minutos, colas de mujeres y niños se formaron. Alimentos, agua, ropa, se fueron dando por los ventanas del autobús, y para la alegría de los niños, ¡habían juguetes! Pero la mayor alegría fue recibir un plato de carapulcra, para comerlo en ese momento, allí. Estas personas, que ahora viven a la intemperie, rodeadas de las ruinas de sus casa, no habían probado comida caliente desde hacía diez días. Y además ahora iban a tener dos grandes ollas, para hacer "olla común".
Nuestro autobús se dirigió al siguiente lugar. En el camino vimos un inmenso campo, donde la gente estaban viviendo a la intemperie. Descubrimos 142 familias de la zona de Francisco Félix sin techo y con hambre. En pocos minutos se formaron colas y dos señoras, evidentemente lideres, nos dijeron sus necesidades. Teníamos muy poco para dar, pero estaban agradecidos por lo que les dimos y por nuestra promesa de volver.
En San Lorenzo encontramos mas desolación; casas en ruinas y familias sobreviviendo entre cartones. Una vez más, en pocos momentos, más de cien personas hicieron cola, con esperanzas. Milagrosamente hubo algo para cada uno, aunque fuese sólo un pan o algo de ropa. Y después ya no había más para dar, excepto sonrisas, palabras de consuelo y promesas.
Nuestra última visita fue al Centro de Salud, lugar muy pobre, donde entregamos a la enfermera una caja de medicinas, que compartió nuestro centro de Salud de Nuestra Señora de Guadalupe, en Jicamarca.
Ahora La comunidad de Jicamarca mira hacía el siguiente esfuerzo, para cumplir las promesas hechas. Nuestras hermanas y hermanos del Sur siguen sufriendo, y van a seguir en necesidad durante un largo período de tiempo.
Comunidad IBVM de Jicamarca